La frontera de las maravillas

Quizás fue la casualidad la que hizo que se situara entre dos países, dos culturas, dos pueblos... pero un sólo corazón. A lo mejor, el destino caprichoso quiso que estuviera junto al río ,que formara parte de él, como si fuera Magia en lugar de agua lo que fluye por las venas azuladas de esta tierra. Seguramente por eso, sólo por eso, ese lugar resulta tan mágico, tan místico. Separa la realidad y el sueño como si de las propias puertas de la percepción se tratara.
En realidad, sólo es un arreglo de la humanidad al simple cauce de un río insignificante, comparado con otros muchos de mayor calado en otras partes del planeta pero, aún así, sigue resultando desconcertante cómo la Naturaleza ha modelado un enclave artificial para devolvernos un portal a las maravillas de nuestro interior. Posiblemente sea sugestión. Acaso puede tratarse de un lugar apartado y agradable para grupos de amigos en busca de una tarde alternativa; para parejas que se esconden de las miradas inquisidoras de una sociedad formada por esos mismos... No lo sé. Sólo sé que muchos de mis momentos de percepción y autoconexión has ocurrido allí (sin desprestigiar, claro está mis sitios que alguno sabéis, y que también son suyos), y tengo la certeza de que no soy el único. Probad a ir solos, una noche y cerrad los ojos allí, en medio de la nada y el todo, escuchad el viento cómo os arropa, cómo os llama a su seno. En ese fugaz instante seréis vosotros.